Mitos “persas” y realidades “espartanas”

La sociedad moderna contradice nuestro pasado como especie, ése es el problema esencial. Todos los demás son subproblemas derivados de él. Por tanto, sin un cierto grado de rechazo al modo de vida moderno, jamás tendrás una salud de verdad

Los “persas” (gente blandita y comodona) representan la mayoría aplastante de la población, que impone su distorsionada visión de la realidad al resto, que –de buena fe– sigue sus recomendaciones en un intento frustrado de mejorar su calidad de vida. El “espartano” (tipo asceta y disciplinado) sabe que los cantos de sirena persas sólo conducen a la perdición, por lo que hace oídos sordos a su discurso y crea su propio sistema de valores, en las antípodas de aquél.

-Mito 1: Come menos (pero en muchas tomas) y muévete más

-Realidad 1: Come mejor (y menos veces). Muévete mucho pero bien

Aplicar el sencillo filtro de qué es lo que ha hecho fundamentalmente la humanidad a lo largo de nuestra historia como especie es un método altamente efectivo para detectar cuándo nos están engañando o tratando de colar estupideces sin fundamento alguno. Nunca hemos comido 5 o 6 veces, como nos tratan ahora de convencer que debemos hacer para –dicen los “expertos”– acelerar el metabolismo, conservar masa muscular, adelgazar, estar sano, rendir intelectualmente, ser guapo… y no sé cuántas cosas más. Pero además –según ellos– debemos comer menos cantidad, aunque lo hagamos cada 3 horas, por lo tanto, deberemos hacer “microcomidas” en las que no llegaremos nunca a saciarnos, y además movernos más, a pesar de comer menos y tener, por tanto, cada vez menos energía. Ya vimos que esta sandez no tiene en cuenta la calidad y saciedad de los alimentos, la cantidad y calidad de nuestra masa muscular ni qué tipo de movimiento es ése que nos dicen que debemos aumentar.

La realidad es que debes aprender a comer mejor –no menos cantidad ni muchas veces–, entrenar para ganar masa muscular, realizar rutinas de movilidad en las que mejores los rangos de movimiento de todas las articulaciones, caminar más, subir más escaleras, usar menos el coche, cuidar del jardín, sentarte en el suelo, jugar con los niños o el perro, colgarte de barras o ramas de árboles… es decir, ser más humano y menos babosa que vegeta con comida industrial en el sofá delante de programas absurdos de la tele. 

-Mito 2: La grasa y el azúcar son los culpables

-Realidad 2: El entorno urbano, los vicios, la comida industrial y la inactividad son los culpables

Nunca habrá un “culpable” único si hablamos de problemas tremendamente multifactoriales como obesidad, infartos o cáncer. El culpable será una mezcla de comida basura, inactividad, tabaco, alcohol, falta de sueño, estrés, contaminación, disruptores endocrinos, alteraciones del ritmo circadianoLa sociedad moderna contradice nuestro pasado como especie, ése es el problema esencial. Todos los demás son subproblemas derivados de él. Si creemos que comprando productos light, desnatados, sin azúcar… hemos atajado el problema, entonces es que una vez más nos han engañado con los mensajes simplistas de telediarios, campañas estatales o documentales de Netflix. La realidad es más compleja y sin un cierto grado de rechazo al modo de vida moderno, jamás tendrás una salud de verdad. Pero eso no te lo van a contar en un programa de televisión cuyos anunciantes son los que te quieren pegado al televisor 10 horas al día, comiendo basura (5 o 6 veces diarias), fumando, bebiendo alcohol, gastando calefacción y energía eléctrica, jugando a la consola o revisando las redes sociales. Para después, a partir de los 50, estar enganchado a múltiples fármacos que harán de oro a la industria farmacéutica. El espartano, en cambio, no ve tele, no fuma ni bebe alcohol, no come basura, consume poca luz y no toma fármacos. Es decir, es un tipo “raro” y poco rentable.   

La realidad es que hay que salir al campo, comer a base de alimentos frescos (fruta, verdura, pescado, huevos o carne), no beber alcohol ni fumar, dormir mucho y entrenar duro. Lo demás, pamplinas para rellenar debates televisivos o documentales sensacionalistas.

-Mito 3: Sólo cardio y suavecito (las pesas provocan hernias)

-Realidad 3: Gana músculo, es tu seguro de vida

La sociedad moderna es muy blandita y genera individuos blanditos. No te van a sugerir en un programa de gran audiencia que hagas peso muerto cuando ni siquiera las revistas de “fitness” lo consideran conveniente para los “frágiles” cuarentones como yo. Si quieres ser fuerte y estar sano deberás salirte de ese rebaño que piensa que el mejor ejercicio es spinning, zumba o pilates, que las pesas son de brutos y que el ser humano es una delicada figura de porcelana que al menor esfuerzo se quebrará. 

-Mito 4: Caminar descalzo es peligroso y lesivo

-Realidad 4: Caminar descalzo (o con calzado mínimo) siempre que puedas mejorará tu salud y rendimiento

Volvamos al filtro inicial: el humano es el único animal que se calza y lo hace sólo el humano civilizado, el humano salvaje camina descalzo o –en climas extremos– con calzado que sólo abriga pero sin añadir compresión ni rigidez. Al descalzarnos, volvemos a conectar el pie y el cerebro (a través de los receptores nerviosos de aquél) con el suelo, los dedos se abren para buscar mayor estabilidad, mejoramos la fuerza y flexibilidad del tremendo complejo de tendones, músculos y ligamentos que forman el pie, revirtiendo el debilitamiento del arco plantar o el acortamiento del tendón de Aquiles, y mejorando postura corporal y dolores asociados. Como vio Leonardo Da Vinci, el pie humano es una obra de ingeniería prodigiosa que nos permite adaptarnos a todos los terrenos. Camina en suelos irregulares, descalzo o con calzado mínimo (sin drop, es decir, talón y puntera al mismo nivel, flexible y de horma ancha, para poder separar los dedos entre sí). De este modo tus pies serán fuertes y flexibles y mejorarán todos los movimientos en los que éstos participan (carrera, saltos, trepa, sentadillas, remo, peso muerto, press militar, power clean…). 

-Mito 5: El sol provoca cáncer

-Realidad 5: Con precaución el sol aporta más beneficios que riesgos

Es indudable que la radiación ultravioleta supone una agresión a nuestra piel, pero estamos bien adaptados a ella. Tanto que necesitamos esa agresión (al igual que necesitamos la que suponen ejercicio, frío o ayuno) de manera periódica para mantener nuestro equilibrio interno. El problema no es el sol sino la relación del hombre moderno con él. Nuestros ancestros se exponían todo el año, preparando su piel con el sol más tenue del invierno y la primavera, para los rayos más intensos del estío. El turista de hoy, muy al contrario, vive bajo techo todo el año pero quiere un bronceado exprés de 1 semana en agosto, exponiendo una piel blanquecina, no “entrenada” durante el resto del año, al sol abrasador del verano.

Si nos exponemos de forma gradual y continua, todo el año, evitando que la piel llegue a enrojecerse, y teniendo muy en cuenta el tono de nuestra tez y la latitud en que nos exponemos (máxima precaución, por ejemplo, los rubios de ojos claros en África o Australia), el sol nos aportará muchos más beneficios que riesgos. Entre otros: mejor descanso, mejor rendimiento cognitivo, menos depresión, mejor visión, microbiota más equilibrada, menos enfermedades autoinmunes, menos enfermedad coronaria, más testosterona, mejor recuperación post-ejercicio o menos osteoporosis. Cuanta más superficie de piel expongas y más clara sea tu tez menos tiempo de exposición necesitarás. Lo óptimo son entre 30 y 45 minutos diarios, preferentemente entre 10 de la mañana y 1 del mediodía.

-Mito 6: Estamos bien adaptados a la comodidad y la abundancia

-Realidad 6: Nuestro cuerpo está adaptado a sobrevivir en condiciones extremas, es precisamente el exceso de comodidad y abundancia lo que nos enferma

Volvamos a aplicar el filtro inicial: hasta la revolución agrícola –primero– e industrial –después–, el humano tuvo que luchar a la intemperie para ganar cada pedazo de alimento que llegaba a su boca. No tener esto muy en cuenta hará que la mayoría de intervenciones para adelgazar o mejorar nuestra silueta fracasen rotundamente. Salir de la famosa “zona de confort” y enfrentar dosis incrementales de incomodidad en forma de frío, hambre o esfuerzo físico intenso, harán que reprogramemos nuestro cuerpo y mente, recuperando en buena medida lo que el progreso nos arrebató: nuestra fortaleza y capacidad de adaptación.

-Mito 7: El ser humano es violento sólo por reacción

-Realidad 7: Somos violentos de modo natural

El premio nobel de medicina Konrad Lorenz ya afirmó que el ser humano llevaba la violencia grabada a fuego en su ADN, ya que sin ser violentos no habríamos podido sobrevivir en el brutal contexto en el que nuestros aparatos fisiológico y psicológico se desarrollaron. Entrenar con intensidad es, por tanto, una manera saludable, productiva e incruenta de dar salida a ese instinto de violencia animal que tenemos dentro. También un reto de superación para todos nuestros sistemas fisiológicos y para nuestro espíritu guerrero, ansioso de conquista. Después de una buena batalla, en forma de entrenamiento, nos sentiremos en paz con el mundo, con los demás y con nosotros mismos. Ésa es la paz del guerrero, muy distinta de la del “pacifista”.

-Mito 8: No hay alimentos buenos y malos

-Realidad 8: Limitar o eliminar la comida industrial mejorará todos los aspectos de tu vida

El relativismo moderno tiende a emborronar las fronteras entre el bien y el mal, lo que acaba impregnando todos los aspectos de la vida humana, incluido la nutrición. Así como hay ciertos grupos que se aferran a su dieta como si de una religión se tratase: veganos, paleo, cetogénicos… la mayoría come y bebe lo que le apetece sin pensar en el impacto que esto pueda tener en su salud del mañana. Cualquier esquema que prohíba o limite ciertos alimentos es visto, por tanto, como algo amenazador y restrictivo, que ahoga nuestra libertad de elección y bla, bla, bla… pero, la pura realidad es que cuantos más productos industriales (bollería, snacks, refrescos, pastelería, helados, panes, galletas, pasta, embutidos, frituras, precocinados, pizzas…) consumas, peores serán tu salud y estética en el largo plazo. Por muy feliz que te sientas en el momento de consumirlos.

-Mito 9: De todo en moderación

-Realidad 9: La dosis óptima de alcohol o tabaco es CERO

Hay ciertas conductas que, aunque perjudiciales, están tan normalizadas por nuestra sociedad que nadie se escandaliza si bebemos alcohol o coca cola a diario, fumamos habitualmente o nos alimentamos a base de bollería, doritos, helados y pizza. Incluso hay estudios que tratan de convencernos de que una copa de vino diaria es saludable y la cerveza o la coca cola hidratan, mejoran la densidad ósea o son buenas compañeras del deporte. Con el tabaco esto ya es más difícil dada la abrumadora evidencia de sus perjuicios. Pero en las antiguas campañas publicitarias de la industria tabaquera se identificaba al fumador con el hombre fuerte, rudo y aventurero. Lo que debería hacer que nos lo pensáramos dos veces antes de basar nuestras decisiones importantes en los consejos del marketing. La realidad es que el consumo combinado de tabaco y alcohol aumenta de forma drástica el riesgo de padecer diversos tipos de cáncer (incluyendo cáncer de pulmón, hígado, boca, garganta y esófago) y enfermedad coronaria, perjudica nuestros niveles hormonales, nuestra capacidad respiratoria, inhibe la síntesis proteica post-ejercicio o reduce la absorción de diversos nutrientes. La realidad mostrada por los estudios es que la dosis óptima de alcohol o tabaco es CERO.

-Mito 10: El físico no importa

-Realidad 10: El físico es lo que permitía evaluar en el pasado nuestra aptitud para la supervivencia

Según Ashley Horner (la chica de la imagen de arriba) un buen cuerpo es un símbolo de estatus, porque no puedes comprarlo ni alquilarlo, sólo se construye con sacrificio constante y además deberás mantenerlo de por vida. La sociedad moderna rinde culto a la belleza física pero no al esfuerzo, y esto es una tremenda contradicción, porque sin duda la belleza se marchita con el paso de las primaveras, pero lograremos conservar una forma física digna si, a pesar de los años, mantenemos un entrenamiento, alimentación y hábitos de movimiento y descanso adecuados. Con esfuerzo diario y constante, por tanto. Pero la mejora de nuestra apariencia física sólo será un reflejo del verdadero beneficio: menos enfermedad, más calidad de vida, mayores capacidades físicas y mentales. Incluso en un mundo de comodidades, los más fuertes son más aptos para la supervivencia

-Mito 11: El físico es lo único que importa

-Realidad 11: Si no trabajas tu mentalidad y actitudes, la transformación física es una batalla perdida de antemano. La persona es mucho más que un cuerpo bonito

El cuerpo y la mente son dos aspectos de una realidad única que es la persona. Una mente frágil o dispersa nunca construirá un cuerpo fuerte. Tus actitudes y disciplina son otra habilidad a entrenar como tu fuerza o resistencia. Un cuerpo bello es sólo una fachada quebradiza si no sirve de soporte a una persona íntegra. Una salud integral sólo se logra fundiendo los aspectos físicos y mentales en una aleación conjunta, en la que el bienestar físico, intelectual y emocional se retroalimenten entre sí. La simple motivación narcisista (“ser guapo”) al entrenar o alimentarnos, es una aspiración tan mediocre y mísera, que hace que los que se guían únicamente por ella abandonen al primer indicio de dificultad o duda

2 respuestas a “Mitos “persas” y realidades “espartanas”

    1. Gracias a ti amigo. Sé que no es un mensaje para la mayoría, pero creo que parte del problema es precisamente que la mayoría se guía más por el hedonismo que por aquéllo que suponiendo esfuerzo, mejorará nuestra salud del mañana. Un fuerte abrazo!… 💪

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