Desayunos espartanos para niños y mayores

Comenzar el día cediendo a la tentación de comer los peores alimentos posibles es una derrota mental y física que un espartano no puede permitirse

“Llevamos tiempo diciéndole a la gente que haga un desayuno abundante para afrontar las penalidades del trabajo diario. Pero cada vez parece más demostrado que la idea del desayuno como principal comida del día, con cereales y bollería, resulta dañina para los humanos. Además, las pruebas apuntan que, a menos que se trabaje antes para ganárselo, el desayuno resulta perjudicial o al menos no aporta beneficio alguno. No estamos diseñados para obtener nuestros alimentos sin esfuerzo”

Nassim Nicholas Taleb

Sabemos que la comida basura nos enferma, engorda y mata (a la larga), pero nos es difícil resistirnos a ella. Sabemos también que la industria alimentaria aprovecha la dimensión social y de placer de la comida (su otra dimensión es la de simple adquisición de energía y nutrientes para vivir) para tentarnos con “alimentos” poco sanos pero muy sabrosos. Y es precisamente en el desayuno donde la industria aprovecha para colarnos la mayor cantidad de basura posible. Sobre la falacia de que debemos hacer un gran desayuno para rendir física y mentalmente, se fabricó la otra falacia de que éste debía basarse en cereales, bollería, lácteos desnatados y zumos industriales. Todo repleto de azúcar, no vaya a ser que nos quedemos sin energía. En absoluto es obligatorio desayunar si no tienes hambre, pero si lo haces, hazlo como lo haría un espartano y no como un blandengue persa.

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Breve decálogo del espartano en tiempos difíciles

Filosofía de bolsillo antillorones (o antipersas) en estos días de crisis global. Lo primero recordar que las crisis son cíclicas, hubo y habrá muchas más. Porque son muy divertidos los economistas que plantean crecimientos infinitos en un mundo finito: si se suceden varios años de bonanza es que hay una recesión cerca. La explicación de los noticiarios puede ser una guerra, atentado, crisis diplomática, energética o pandemia pero la realidad es que el crecimiento perpetuo en una economía global de 7.000 millones de seres es pura fantasía. Es evidente que hay otras crisis: de natalidad, valores, salud… pero esas otras no importan mientras no se traduzcan en dinero. El ser humano civilizado ha perdido el interés para todo lo que no sea dinero o sexo. Oímos estos días mensajes edulcorados tipo: “el humano es el virus”, “el planeta respira” o “se puede ser feliz sin consumo”, pero nadie se los cree. El humano civilizado está ansioso por retomar su vida de excesos. Una vida poco humana y muy alejada de lo que nuestro cuerpo y mente realmente necesitan.

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Estética: ¿y si sólo quiero un cuerpo bonito?

La experiencia me ha enseñado que la gran mayoría que realiza un cambio de hábitos no quiere más energía, fuerza, salud o bienestar sino sólo ser más atractivo físicamente. Esta es una realidad y como tal hay que aceptarla en lugar de tratar de cambiarla.

Vivimos en una civilización de la imagen, las nuevas tecnologías han acentuado nuestro gen “vanidoso” y esperamos conquistar a los demás con una bella fachada. No lo considero negativo per se, aunque también la experiencia (sabia maestra) me ha enseñado que los que entrenan esclavos del espejo son los que primero abandonan. Leer más…