Breve decálogo del espartano en tiempos difíciles

Filosofía de bolsillo antillorones (o antipersas) en estos días de crisis global. Lo primero recordar que las crisis son cíclicas, hubo y habrá muchas más. Porque son muy divertidos los economistas que plantean crecimientos infinitos en un mundo finito: si se suceden varios años de bonanza es que hay una recesión cerca. La explicación de los noticiarios puede ser una guerra, atentado, crisis diplomática, energética o pandemia pero la realidad es que el crecimiento perpetuo en una economía global de 7.000 millones de seres es pura fantasía. Es evidente que hay otras crisis: de natalidad, valores, salud… pero esas otras no importan mientras no se traduzcan en dinero. El ser humano civilizado ha perdido el interés para todo lo que no sea dinero o sexo. Oímos estos días mensajes edulcorados tipo: “el humano es el virus”, “el planeta respira” o “se puede ser feliz sin consumo”, pero nadie se los cree. El humano civilizado está ansioso por retomar su vida de excesos. Una vida poco humana y muy alejada de lo que nuestro cuerpo y mente realmente necesitan.

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1. Nuestros antepasados ya pasaron por esto

No hace falta viajar a la Prehistoria o al medievo, nuestros abuelos vivieron una guerra y una posguerra con hambre y necesidades de verdad. El ser humano ha tenido que luchar por beber, comer, protegerse de calor, frío, depredadores o enemigos a diario durante milenios. Una “crisis” bajo techo, con comida, calor y comodidades sería motivo de risa para un humano de verdad.

2. Sin obstáculos no sabrás nunca de qué estás hecho

Asumiendo que una situación como la actual (de virus, encierro y recesión económica) sea un verdadero “obstáculo”, démosle la bienvenida porque nos dará la posibilidad de descubrir capacidades internas que sólo en momentos difíciles afloran y nos muestran quiénes somos realmente. Los tiempos de bonanza crean espíritus frágiles que se quiebran al mínimo impacto del destino, las tempestades crean voluntades indómitas.

3. Los cobardes mueren mil veces

La vida pertenece a los intrépidos, los que aman el peligro y las dificultades. Los que cuando llegan a un callejón sin salida trepan el muro para descubrir un bosque de nuevas oportunidades. Los que muerden a la serpiente antes de ser mordidos por ella. Los que ríen ante horrores que harían desmayarse a otros. La risa del niño, sin complejos ni mala conciencia, sin miedo del “qué dirán”, es el gesto del humano de verdad, al que la vida y la muerte, el dolor y el hambre, el frío y la fatiga, mueven a risa. A una risa tan despreocupada y pura que hiela la sangre de sus enemigos.

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4. La vida es guerra

Sin duda la búsqueda de “paz” es un propósito lícito, pero utópico. La vida es sinónimo de lucha desde el nacimiento. Lucha por sobrevivir, contra la decadencia, la enfermedad y la muerte. Lucha por distinguirte del rebaño y no ser uno más. Lucha contra ti mismo y tus contradicciones. Entre el mundo que te rodea y el que tienes en tu cabeza. Cuando alcanzas la “paz” es porque ya eres demasiado viejo como para pelearte contigo mismo y con los demás. Las naciones vigorosas hacen la guerra, las agotadas quieren vivir en paz.

5. ¿Es esto lo que tanto temía?

El temor se funda en una predicción exageradamente negativa de lo que nos aguarda. La pobreza, la vergüenza, la derrota, el frío, el dolor, ser señalado por los demás, la fatiga, el hambre… si ya has pasado por ellos, si te han hecho callo, entonces ya tienes menos miedos en tu lista. Sabes que si vuelven a aparecer estarás preparado, no son tan malos como cuentan, ya los has llevado en tu mochila y puedes soportar esa carga.

6. Mantén la calma cuando la pierdan los demás

En situaciones extremas sobreviven los que son capaces de respirar y tomar una decisión racional sin dejarse llevar por el pánico que conduce a lucha o huída. Si la solución racional es luchar o huir, bienvenida sea, pero si había una solución mejor y ceder al miedo nos impidió verla, solo quedará el arrepentimiento de vernos ahora en una situación peor.

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7. No existen errores sino oportunidades de aprendizaje

La vida es un camino de tropiezos y aciertos, pruebas y errores, hipótesis confirmadas y otras desechadas por la experiencia práctica. Si no rectificamos nunca nuestros pasos es que no aprendimos nada nuevo. Esas constantes y casi imperceptibles correcciones diarias que reducen la brecha entre nuestro proyecto ideal y la cruda realidad son las que de verdad nos hacen crecer. La realidad es tozuda, más que nosotros y si nos empeñamos en mantener teorías que la práctica demuestra inútiles no somos tozudos sino necios.

8. ¿Ser feliz? Yo persigo mi obra

La “felicidad”, otro mito moderno que para la mayoría se traduce en cruceros, descapotables o mojitos en la playa. Placeres materiales con que llenar el aburrimiento de una vida moderna sin luchas, peligros ni tragedias. Sólo una comedia insulsa compuesta por una inacabable sucesión de gags manidos que despierta el bostezo y la nausea de aquéllos que aún tienen sangre en las venas, en lugar de baba descafeinada. El ser humano convertido en babosa que mendiga placer y aborrece la incomodidad, que llora si llueve pero cuya delicada piel tampoco soporta ya el sol abrasador. ¿Feliz? No, gracias. Yo persigo mi obra.

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9. Puedes vivir con muy poco

Quizá la principal lección de las épocas de escasez y el principal olvido durante los momentos de abundancia. Si tienes alimento y agua, un techo para cobijarte y otras personas con quienes compartir aquéllos, tienes más que suficiente. Aquello por lo que nuestros ancestros tenían que pelear cada día. Lo demás, inventos para engrasar la maquinaria del consumo infinito.

10. El camino del guerrero

No se puede vivir sin fe y sin esperanza, pero tampoco con ellas como único apoyo porque en el camino la fe y la esperanza muchas veces desaparecen para dejar paso a la incertidumbre, el escepticismo, el cinismo y la desesperación. El guerrero es aquél que es capaz de cumplir con su deber cuando la fe está ahí, pero cuando no está también. Porque ya ha pasado antes por lo mismo, porque el camino ya se hizo sombrío y gris otras veces y cuando parecía no quedar ya nada, de las ascuas del fuego de antaño surgió de nuevo la fe con bríos insospechados. Sintió de nuevo en sus manos el coraje ya olvidado, en sus pulmones el sol y la primavera y en sus ojos el brillo cegador de la mañana. Y se ve a sí mismo invencible y nada sabe ya de la muerte ni del oscuro sendero que transitó. Aunque no olvida que algún día volverá allí, pero con la valiosa lección aprendida de que nada, bueno o malo, dura eternamente.

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2 respuestas a “Breve decálogo del espartano en tiempos difíciles

    1. Sé que suena algo duro, pero cualquier cosa es ya dura para la delicada sensibilidad del hombre moderno. Recuperar nuestra salud no solo pasa por movernos, comer y dormir como antaño sino también por recobrar en parte la forma de afrontar la vida y los problemas de nuestros bisabuelos.

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